viernes, 23 de febrero de 2018

Narraciones ordinarias: El sonido de la nada



Muchas personas no pueden dormir si escuchan los fuertes ronquidos de alguien más. En mi caso pasaba lo contrario. Yo sabía que caía profundamente dormida cuando mi papá comenzaba a roncar.

Mi apego por sus ronquidos se volvió una necesidad de escucharlo, a tal grado que cuando dejaba de hacerlo me despertaba repetidas veces en la madrugada, horrorizada por la falta de sonido. Entonces me levantaba con los pies descalzos para acercarme lentamente a la puerta abierta del cuarto de mis padres y, sin entrar, ponía atención para captar el sonido de sus respiraciones. Cuando las identificaba, regresaba tranquilamente a mi cama, conciliando el sueño de nuevo al escuchar los ronquidos.

Nunca me imaginé que me tendría que acostumbrar al sonido de la nada por las noches, dando vueltas por la cama, esperando, inconsciente, los ronquidos de mi papá para poder quedarme dormida.

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