Muchas personas no pueden dormir
si escuchan los fuertes ronquidos de alguien más. En mi caso pasaba lo
contrario. Yo sabía que caía profundamente dormida cuando mi papá comenzaba a
roncar.
Mi apego por sus ronquidos se
volvió una necesidad de escucharlo, a tal grado que cuando dejaba de hacerlo me
despertaba repetidas veces en la madrugada, horrorizada por la falta de sonido.
Entonces me levantaba con los pies descalzos para acercarme lentamente a la
puerta abierta del cuarto de mis padres y, sin entrar, ponía atención para
captar el sonido de sus respiraciones. Cuando las identificaba, regresaba
tranquilamente a mi cama, conciliando el sueño de nuevo al escuchar los
ronquidos.
Nunca me imaginé que me tendría
que acostumbrar al sonido de la nada por las noches, dando vueltas por la cama,
esperando, inconsciente, los ronquidos de mi papá para poder quedarme dormida.
Un texto cortó pero con impacto, transmite.
ResponderBorrar