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| Foto: Paula Vazquez |
Una de las cosas más importantes
cuando vamos a salir de viaje es nuestra maleta. Ni bien hemos organizado todo
lo demás, como transporte y hospedaje, cuando ya estamos pensando en qué nos
vamos a llevar y cómo lo vamos a guardar. Hay otros casos que dejan la maleta
para un día antes de salir (incluso el mismo día, horas antes) pero el proceso
es el mismo.
Cuando ya sabes lo que te quieres
llevar, sacas la ropa que elegiste y te enfrentas al primer problema que puede
ser de dos formas: Llevas más o llevas menos de lo que necesitas. Si llevas más
la solución es sencilla, buscas en youtube unos cuantos tutoriales para
viajeros donde te enseñan cómo doblar tu ropa para que quepa mucho en poco
espacio, todo bonito y feliz hasta que lo intentas y te das cuenta de que sí,
ahorraste espacio pero no tanto como en los tutoriales se veía, aunque al menos
ya cabe todo lo que querías llevar. Si llevas ropa de menos el problema es
diferente, buscas en tu armario para encontrarte solamente con suéteres, manga
larga y demás ropa abrigadora pero necesitas algo más fresco. Intentas
improvisar aunque al final vas a ir a pedir ropa prestada y harás una nota
mental para no perderte las próximas ofertas de ropa de verano.
La maleta está casi lista, ya
pusiste toda la ropa que necesitas llevar así que es hora de guardar todo lo
demás, como el cepillo de dientes, la pasta, el cargador, los audífonos, el
libro, la Tablet… Nada cabe, o te llevas una cosa o te llevas otra, haces
espacio como puedes y dejas la maleta lista.
La parte más difícil es cuando
llegas a tu destino y comienzas a sacar todo de tu maleta para darte cuenta que
olvidaste el cepillo de dientes, el cargador de tu celular, la pila de tu
cámara y esa camisa nueva que habías guardado para esta ocasión.
Y así es como comienzan unas increíbles
vacaciones.

