viernes, 23 de febrero de 2018

Narraciones ordinarias: El sonido de la nada



Muchas personas no pueden dormir si escuchan los fuertes ronquidos de alguien más. En mi caso pasaba lo contrario. Yo sabía que caía profundamente dormida cuando mi papá comenzaba a roncar.

Mi apego por sus ronquidos se volvió una necesidad de escucharlo, a tal grado que cuando dejaba de hacerlo me despertaba repetidas veces en la madrugada, horrorizada por la falta de sonido. Entonces me levantaba con los pies descalzos para acercarme lentamente a la puerta abierta del cuarto de mis padres y, sin entrar, ponía atención para captar el sonido de sus respiraciones. Cuando las identificaba, regresaba tranquilamente a mi cama, conciliando el sueño de nuevo al escuchar los ronquidos.

Nunca me imaginé que me tendría que acostumbrar al sonido de la nada por las noches, dando vueltas por la cama, esperando, inconsciente, los ronquidos de mi papá para poder quedarme dormida.

viernes, 16 de febrero de 2018

Narraciones ordinarias: La rutina y el café de olla.



Foto: Yllaly Barba
En la mayoría de las ocasiones, el levantarse temprano para ir a trabajar resulta ser todo un reto, sobre todo en las fechas que hace frio o al menos a mí así me parece.


Suena la alarma y sacar el brazo de la frazada para apagarla es el primer momento de dificultad. Vuelves a meter el brazo y ahí te quedas unos segundos, pensando en que te gustaría quedarte y seguir con ese maravilloso sueño en dónde te peleabas con un trabajador del cine porque no quería hacer válido tu cupón. Al final sales de la cobija y vas a darte una ducha con agua caliente y eso está bien, es el primer buen momento del día, lo malo es que dura muy poco y salir al frio cuesta aún más.


Al final te abrigas y superas el frio, si usas el transporte público caminas a la parada y te encuentras con que hay un montón de personas esperando el mismo camión. Este llega y entre empujones y demás  logras agarrarte bien y comenzar con el viaje.


Es bien sabido por muchas personas que en el transporte público hay que soportar bastantes cosas, como el ir de pie todo el camino, y cuando tienes la suerte de tomar asiento igual debes soportar que alguien que va de pie te ponga su mochila en la cara o tu compañero de un lado vaya a sus anchas y bien dormido. En lo personal creo que lo más difícil de soportar son los olores.


Cuando se llega al destino a veces se tiene la suerte de estar a buen tiempo y traer unos pesitos de más así que puedes llegar a la cocina económica más cercana. Cuando te reciben con una sonrisa y con un café de olla listo sin siquiera preguntar (a pesar de que no llegas a consumir seguido) por un momento se olvida el frio y la incomodidad en el camión para dejar a un cosquilleo cálido instalarse en tu pecho y barriga, sintiéndote abrigado.


En caso de despertar a un lado del ser amado y que este no se vaya a levantar, hazte a la idea de que llegas tarde y sin café, pero valdrá la pena.

viernes, 9 de febrero de 2018

Narraciones ordinarias: Preparar galletas con chispas de chocolate.



Foto: Yllaly Barba


Hacer galletas de noche puede resultar no ser muy buena idea. Me han contado que por las noches, sin importar el día de la semana, al colador le da por ir a tomar algo y no le preocupa que sea un elemento importante para hacer galletas. Se pierde mucho tiempo buscándolo, pero eso al colador le da igual, así que uno se arriesga a poner la harina sin cernir y lidiar con el miedo que se genera al imaginar morder una galleta para encontrarse con el sabor de la harina cruda. Aún así se continúa agregando la sal y el bicarbonato.

Otra desventaja de hacer galletas cuando no hay sol es que ya no puedes poner la mantequilla en la ventana para que se caliente. Gracias a eso te das cuenta por qué en todos los videos tutoriales insisten en que la mantequilla esté a temperatura ambiente, porque es una verdadera batalla mezclarla bien con el azúcar blanca y el azúcar morena, es ahí  donde descubres qué tan persistente puedes ser o comenzar a considerar qué tanto antojo de galletas tienes.

Una vez superado el reto de mezclar la mantequilla fría, todo lo demás es pan comido; a menos que pasen de las diez de la noche y te hayas bañado con agua caliente. Es ahí donde verás cómo diez minutos esperando que salgan las galletas se vuelven eternos. Intentarás desesperadamente pasar las galletas de la bandeja a un plato en cuanto salen para poner las que aún faltan por hornear y terminar lo más rápido que se pueda, porque tienes hambre y sueño, pero todo se verá frustrado al ver como las galletas pierden su forma o se rompen y tendrás que dejarlas más tiempo. 

Te resignas y esperas.

Cuando al fin llega el esperado momento, las comes con un poco de café mientras terminas de ver alguna película. Descansado y con la barriga llena sabrás que valió la pena. 

El proceso de hacer galletas resulta ser muy fácil, aunque puede volverse un reto. Para mejorar esta experiencia, se recomienda que se acompañe usted de un ser amado que no sea su perro, pues al perro solo le importará que usted fracase repetidas veces para comer todo lo que caiga el piso.