viernes, 9 de febrero de 2018

Narraciones ordinarias: Preparar galletas con chispas de chocolate.



Foto: Yllaly Barba


Hacer galletas de noche puede resultar no ser muy buena idea. Me han contado que por las noches, sin importar el día de la semana, al colador le da por ir a tomar algo y no le preocupa que sea un elemento importante para hacer galletas. Se pierde mucho tiempo buscándolo, pero eso al colador le da igual, así que uno se arriesga a poner la harina sin cernir y lidiar con el miedo que se genera al imaginar morder una galleta para encontrarse con el sabor de la harina cruda. Aún así se continúa agregando la sal y el bicarbonato.

Otra desventaja de hacer galletas cuando no hay sol es que ya no puedes poner la mantequilla en la ventana para que se caliente. Gracias a eso te das cuenta por qué en todos los videos tutoriales insisten en que la mantequilla esté a temperatura ambiente, porque es una verdadera batalla mezclarla bien con el azúcar blanca y el azúcar morena, es ahí  donde descubres qué tan persistente puedes ser o comenzar a considerar qué tanto antojo de galletas tienes.

Una vez superado el reto de mezclar la mantequilla fría, todo lo demás es pan comido; a menos que pasen de las diez de la noche y te hayas bañado con agua caliente. Es ahí donde verás cómo diez minutos esperando que salgan las galletas se vuelven eternos. Intentarás desesperadamente pasar las galletas de la bandeja a un plato en cuanto salen para poner las que aún faltan por hornear y terminar lo más rápido que se pueda, porque tienes hambre y sueño, pero todo se verá frustrado al ver como las galletas pierden su forma o se rompen y tendrás que dejarlas más tiempo. 

Te resignas y esperas.

Cuando al fin llega el esperado momento, las comes con un poco de café mientras terminas de ver alguna película. Descansado y con la barriga llena sabrás que valió la pena. 

El proceso de hacer galletas resulta ser muy fácil, aunque puede volverse un reto. Para mejorar esta experiencia, se recomienda que se acompañe usted de un ser amado que no sea su perro, pues al perro solo le importará que usted fracase repetidas veces para comer todo lo que caiga el piso.

1 comentario:

  1. Saludos cordiales, estimada.
    Me ha gustado bastante este relato. Es muy fácil identificarse con el personaje principal, sentir la adrenalina de buscar el colador, la angustia detrás de la posibilidad de comer harina cruda al final, la frustración de mezclar mantequilla dura, el estrés de que las galletas no estén listas, la desesperación por querer terminar más pronto, la satisfacción de comerlas con café al final y, sobre todo, la alegría en el corazón después de tener la barriga llena.
    El final es una joya, bastante útil y gracioso, simplemente maravilloso.

    P.D. Haz mejorado en tu forma de escribir, no porque antes fueras mala, sino porque eres más buena que antes. Sigue así.
    Éxito.

    ResponderBorrar