viernes, 2 de marzo de 2018

Narraciones ordinarias: Un impaciente amigo



Foto: Yllaly Barba

Ni siquiera tomas la correa y tu amigo ya está brincando en círculos, lloriqueando de alegría, pareciera que nunca había salido a pasear en su vida. Le pones la correa y en seguida sale corriendo a la puerta, arrastrándote con él. Su ansiedad no hace más que crecer hasta que se topa con el primer árbol o arbusto del camino, olisquea, hace pipí, termina, repite.

Si normalmente tardas 5 minutos en ir al parque, gracias al pequeño ritual de orinar todo lo que le apetezca van a llegar en 15 minutos Esto siempre y cuando no se encuentre con otro perro y haya pleito, porque el can puede ser el ser más adorable y amigable contigo, pero tiene problemas con su territorio y no permite que ningún otro peludo le vea a los ojos.

Al llegar al parque ven a otros perros correr libremente por lo que tu amigo se pone alerta y comienza a jalarte, y por más que deseas liberar a tu compañero sabes que no puedes, porque en automático se pondrá a pelear con otro perro, esto te causara problemas con los dueños de éste. Obviamente vas a defender al tuyo alegando que tampoco su perro trae correa y toda esa atmosfera de paz y felicidad terminará. Así que optas por batallar y caminar por el parque con la correa, sin importar los jaloneos.

Encuentras un lugar apartado del resto de perros, decides sentarte y jugar con tu amigo pero no hace más que ignorarte.
Es un buen momento para recostarte en el pasto y disfrutar del sol al aire libre, del olor a tierra mojada, la frescura del pasto en tu espalda, el viento moviendo las hojas de los grandes árboles. Lo disfrutas a pesar de que tu compañero no deja de jalonearte y la correa ya comienza a calarte en la muñeca gracias al forcejeo. Llega un momento en el que tu amigo se rinde y pueden pasar dos cosas, o se recuesta a tu lado, o comienza a escarbar para recostarse en la tierra fresca, cualquiera de las dos opciones es buena mientras nadie se dé cuenta que tu perro está haciendo un agujero.

Comienza a anochecer y los mosquitos se acumulan arriba de ustedes, haciendo un ruido insoportable y dejándote una sensación horrible, así que tienes que levantarte para volver a casa.

El camino de regreso es igual que la ida, hacen 15 minutos gracias a que tu amiguito está orinando todo.

Un pequeño consejo, si tienes más perros y no eres muy paciente, saca de a uno por uno.


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